Archivo mensual: noviembre 2009

Drácula y su origen

Seguro que alguna vez has oído hablar de Drácula e incluso sabrías decir algo sobre este conocidísimo vampiro, y es que la novela en la que ejerce de protagonista este singular personaje, titulada también Drácula, es una de las novelas ficticias más famosas que se han escrito hasta hoy. Esta sanguinolenta historia es narrada por Bram Stoker, un escritor irlandés destacado como novelista y escritor de historias cortas. Se dice que este escritor fue ayudado por el húngaro Hermann Vámbéry, que en sus reuniones con Stoker, le narró las peripecias del verdadero Drácula. Sobre el origen del incansable vampiro, hay varias teorías, así que la incertidumbre está servida. Vamos a otear entre tres de las más extendidas. La primera especula en que Stoker se fijó en un personaje histórico, Blad Tepes, que en el siglo XV, fue príncipe de Valaquia. Considerado héroe en su tierra, opuso una resistencia crucial contra el Imperio otomano. Aunque su otra faz era bien distinta, pues fue extremadamente cruel con sus enemigos, castigándolos a la pena capital de empalamiento, una tortura en la que es mejor no entrar en detalles. También cuenta la historia que mojaba el pan en la sangre de sus víctimas mientras comía. La segunda teoría habla sobre la condesa húngara Erzsébet Báthory. Se dice que bebía y se bañaba en sangre creyendo que como consecuencia recuperaría su juventud. Para ello anunciaba el requerimiento de doncellas en la corte, a las que después asesinaba y desangraba. Los cadáveres de las víctimas fueron encontrados en las mazmorras de su castillo una vez se descubrió la actividad secundaria de la condesa. Sin embargo, se piensa que eso solo fue una invención de sus enemigos para quedarse con sus pertenencias, decapitar a todos sus ayudantes y condenarla a ella a permanecer de por vida encerrada en su cuarto. La última teoría simplemente se basa en que un relato anónimo y anterior a Drácula, titulado El extraño misterioso, narra particularidades del mundo vampírico, por lo que hay quien atribuye el origen de Drácula a este relato. Por último, querría matizar este arítculo con dos aspectos: el nombre de Drácula y su típico atuendo de capa negra. El nombre de Drácula fue leído por Bram Stoker en un libro sobre Valaquia y Moldavia. En un pie de página se podía leer: “Drácula, en la lengua nativa de Valaquia, significa diablo´´. La sonaridad de este nombre le gustó más a Stoker que la del nombre inicial, conde Wampyr. Sobre el típico atuendo del vampiro, parece que el padre de Vlad Tepes integraba la Orden del Dragón, fundada por el rey Segismundo I de Luxemburgo que solía llevar la típica capa negra. Y aquí acaba el artículo. Ya sabes, la próxima vez que oigas el nombre de Drácula, piensa en él como lo que es, una auténtica obra de arte que ha revolucionado el mundo de la ficción.

Pedro R. P.: 1º de ESO E

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Luces

Obra de Kevin A.

Obra de Mónica B.

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Miedo y diccionario

Miedo, palabra de cinco letras que según el diccionario significa lo siguiente: ¨ Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario ¨. Pero, yo pregunto: ¿Qué es realmente el miedo, acaso no se puedo presentar el miedo en tan diversas formas? Yo personalmente opino que sí, y para dar prueba de ello expondré alguno de los incontables tipos de miedo.

– Miedo escénico: es el miedo a actuar en público, a que haya tanta gente delante de ti mirándote. En mi opinión esto te provoca terror, pero también vergüenza. Yo mismo tengo este miedo, pero más bien por meter la pata delante de tanta gente, no porque me miren. Ya va un tipo miedo.

– Miedo a lo distinto: es un miedo a conocer algo diferente, como por ejemplo miedo a estar cerca de un homosexual, como si te fueras a volver gay por ello, gracias a Dios que eso ya apenas existe, pero en mi opinión, en este caso se asemeja más al asco que al miedo. Y van dos.

– Miedo en una relación: cuando no te atreves a dar un paso en ella, por ejemplo decirle que la quieres o darle el primer beso. – Miedo a enfrentarse a los problemas: el terror a enfrentarse a los problemas, ya sean pequeños o grandes, como por ejemplo a hacer un examen, o a asistir a una operación, este es un campo muy abierto. Ya van cuatro.

– Miedo a la verdad: el miedo a reconocer la verdad, a que te digan la verdad, por ejemplo que te informen de que te quedan pocos meses de vida.

– Miedo a la oscuridad: este es uno tonto pero frecuente. Ese terror a la oscuridad, a estar en ella, seguro que todos lo hemos sentido en alguna ocasión.

– Miedo a la soledad: este es terrible, estar sólo, sin nadie a tu lado, por este incluso empiezas a oír ruidos e imaginarte cosas, es uno de los peores. Con este van siete, aún se me ocurren unos cuantos más.

– Miedo a la muerte: el temor a que llegue el día en que tu corazón parará de latir, a no saber como acabarás, es otro muy extendido. – Miedo a que conozcan tus temores: en mi opinión, todos sin excepción tenemos o hemos tenido este. Seguro que a alguien le da miedo el que otra persona pueda saber que teme a la oscuridad o que no puede ver la sangre.

Artículo de Pedro Jesús P.

Ilustración de Pablo R.

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la pornografía del terror

“El cine de terror contemporáneo le debe todo a una pequeña joya cinematográfica filmada en 1978 por John Carpenter titulada Halloween. La macabra historia del asesino inmortal Michael Myers impulsó un nuevo cine de miedo para adolescentes; pero la elegancia de Carpenter, la precisión de sus encuadres y la ironía feroz del cuento pronto se degradaron en las secuelas sucesivas hasta convertirse en una exposición animada de miembros amputados, visceras a la intemperie, decapitaciones y torsos humanos abiertos como latas de sardinas. Tal degenaración es extensible a todo el (mal) llamado cine de terror actual. El miedo, que nace de la tensión ante una amenaza desconocida, ha sido sustituido por la exhibición de mutilaciones. Saw era una franquicia mas de lo que Hollywood llama terror y en realidad es una invocación al asco. Un criminal retorcido y misterioso, conocido como Jigsaw, obligaba a sus victimas a una elección tremendista: automutilarsey matar a otros a cambio de la vida.

Nunca hay que despreciar la justicia irónica del azar. Saw VI, la última de una serie de secuelas fabricadas para exprimir hasta el último dólar las ideas que ya han dado todo de sí, es hiperviolenta y atroz, hasta tal punto que la comisión calificatoria del Ministerio de Cultura la ha dado la calificación X; y comoes una película X, debe ser estrenada en salas X. De esas sólo hay ocho en toda España, de forma que la distribuidora ha tenido que suspender el estreno en España. Casquería igual a pornografía. será por el cansino tópico de Eros y Thanatos… ”

De la sección Opinión del periódico El País

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Halloween

 

Esta tradición de origen anglosajón no ha tardado mucho en imponerse en todos los lugares del mundo. Pero son pocas las personas que conocen sus verdaderos orígenes, por lo que me dedicaré a explicarlos.

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Esta fiesta pagana, de origen celta, proviene de la festividad del Samhain, que en gaélico significa “fin del verano”, y que es una fiesta en la que los celtas celebran el final de la temporada de cosechas. Durante la noche del Samhain, los espíritus de los difuntos tenían autorización para caminar entre los vivos, dándosele la oportunidad a la gente de reunirse con sus antepasados muertos. Para mantener a los espíritus contentos y alejar a los malos, las personas dejaban comida fuera de sus hogares. Y es este el origen de Haloween, pues durante esa noche los niños se disfrazan de fantasma y recorren todas las calles, casa por casa, pidiendo comida (caramelos preferiblemente) a cambio de dejar en paz a los vecinos, imitando hasta el mínimo detalle la desconocida tradición celta del Samhain. Otro elemento propio de Halloween extraído de la fiesta del Samhain son las calabazas, que se vacían con el fin de colocar velas en su interior e iluminarlas. Pero aunque Halloween sea la manera más extendida de celebrar la noche del 31 de octubre, se hace necesario recordar que, dependiendo del lugar del mundo en el que nos encontremos, existen otras muchas formas diferentes de celebrar esta tan popular festividad, que cuenta con innumerables seguidores en todo el mundo.

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Por ejemplo, es bastante popular la festividad del día de muertos en México, país en el que la muerte es celebrada, algo bastante inusual para el país en el que nos encontramos. En ese día tan señalado para los mexicanos, van a comer a los cementerios junto a sus difuntos, a los que les dejan comida, bebida y flores. Un elemento bastante conocido típico de esta celebración mexicana es la catrina, una calavera afamada y reconocible en cualquier parte del mundo. Con este artículo, mi único propósito es acercar a las personas los orígenes de las fiestas que se celebran, de las que tan poco conocemos. Espero que este artículo guste y enseñe, porque a veces se hace necesario conocer nuestros orígenes de los que tan poco sabemos.

Pablo Rico Pinazo, 2º ESO C

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oraciones de un condenado

Oraciones de un condenado.

A Dios pido que me perdone,

Por todos mis pecados,

Los he cometido adrede,

Pero sin intención de hacer daño.

He cometido los peores,

Los más crueles y despiadados,

Los cometí por obsesión,

Por a mi amor no apartar de mi lado.

No podía permitirlo, no quería,

La amaba, la deseaba,

Incluso por ella mataba,

Como a una marioneta atrapado me tenía.

Lo confieso: He robado,

He violado,

He matado.

Merezco lo peor,

Lo más doloroso,

Lo más engañoso,

Lo peor.

Pero pido a Dios,

Que me de otra oportunidad,

Otra vida,

Otra forma de pensar.

Pido a Dios una, y no más.

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Poe. Sombras

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Sí, aunque marcho por el valle de la Sombra.
(Salmo de David, XXIII)

Vosotros los que leéis aún estáis entre los vivos; pero yo, el que escribe, habré entrado hace mucho en la región de las sombras. Pues en verdad ocurrirán muchas cosas, y se sabrán cosas secretas, y pasarán muchos siglos antes de que los hombres vean este escrito. Y, cuando lo hayan visto, habrá quienes no crean en él, y otros dudarán, mas unos pocos habrá que encuentren razones para meditar frente a los caracteres aquí grabados con un estilo de hierro.

El año había sido un año de terror y de sentimientos más intensos que el terror, para los cuales no hay nombre sobre la tierra. Pues habían ocurrido muchos prodigios y señales, y a lo lejos y en todas partes, sobre el mar y la tierra, se cernían las negras alas de la peste. Para aquellos versados en la ciencia de las estrellas, los cielos revelaban una faz siniestra; y para mí, el griego Oinos, entre otros, era evidente que ya había llegado la alternación de aquel año 794, en el cual, a la entrada de Aries, el planeta Júpiter queda en conjunción con el anillo rojo del terrible Saturno. Si mucho no me equivoco, el especial espíritu del cielo no sólo se manifestaba en el globo físico de la tierra, sino en las almas, en la imaginación y en las meditaciones de la humanidad.

En una sombría ciudad llamada Ptolemáis, en un noble palacio, nos hallábamos una noche siete de nosotros frente a los frascos del rojo vino de Chíos. Y no había otra entrada a nuestra cámara que una alta puerta de bronce; y aquella puerta había sido fundida por el artesano Corinnos, y, por ser de raro mérito, se la aseguraba desde dentro. En el sombrío aposento, negras colgaduras alejaban de nuestra vista la luna, las cárdenas estrellas y las desiertas calles; pero el presagio y el recuerdo del Mal no podían ser excluidos. Estábamos rodeados por cosas que no logro explicar distintamente; cosas materiales y espirituales, la pesadez de la atmósfera, un sentimiento de sofocación, de ansiedad; y por, sobre todo, ese terrible estado de la existencia que alcanzan los seres nerviosos cuando los sentidos están agudamente vivos y despiertos, mientras las facultades yacen amodorradas. Un peso muerto nos agobiaba. Caía sobre los cuerpos, los muebles, los vasos en que bebíamos; todo lo que nos rodeaba cedía a la depresión y se hundía; todo menos las llamas de las siete lámparas de hierro que iluminaban nuestra orgía. Alzándose en altas y esbeltas líneas de luz, continuaban ardiendo, pálidas e inmóviles; y en el espejo que su brillo engendraba en la redonda mesa de ébano a la cual nos sentábamos, cada uno veía la palidez de su propio rostro y el inquieto resplandor en las abatidas miradas de sus compañeros. Y, sin embargo, reíamos y nos alegrábamos a nuestro modo -lleno de histeria-, y cantábamos las canciones de Anacreonte -llenas de locura-, y bebíamos copiosamente, aunque el purpúreo vino nos recordaba la sangre. Porque en aquella cámara había otro de nosotros en la persona del joven Zoilo. Muerto y amortajado yacía tendido cuan largo era, genio y demonio de la escena. ¡Ay, no participaba de nuestro regocijo! Pero su rostro, convulsionado por la plaga, y sus ojos, donde la muerte sólo había apagado a medias el fuego de la pestilencia, parecían interesarse en nuestra alegría, como quizá los muertos se interesan en la alegría de los que van a morir. Mas aunque yo, Oinos, sentía que los ojos del muerto estaban fijos en mí, me obligaba a no percibir la amargura de su expresión, y mientras contemplaba fijamente las profundidades del espejo de ébano, cantaba en voz alta y sonora las canciones del hijo de Teos.

Poco a poco, sin embargo, mis canciones fueron callando y sus ecos, perdiéndose entre las tenebrosas colgaduras de la cámara, se debilitaron hasta volverse inaudibles y se apagaron del todo. Y he aquí que de aquellas tenebrosas colgaduras, donde se perdían los sonidos de la canción, se desprendió una profunda e indefinida sombra, una sombra como la que la luna, cuando está baja, podría extraer del cuerpo de un hombre; pero ésta no era la sombra de un hombre o de un dios, ni de ninguna cosa familiar. Y, después de temblar un instante, entre las colgaduras del aposento, quedó, por fin, a plena vista sobre la superficie de la puerta de bronce. Mas la sombra era vaga e informe, indefinida, y no era la sombra de un hombre o de un dios, ni un dios de Grecia, ni un dios de Caldea, ni un dios egipcio. Y la sombra se detuvo en la entrada de bronce, bajo el arco del entablamento de la puerta, y sin moverse, sin decir una palabra, permaneció inmóvil. Y la puerta donde estaba la sombra, si recuerdo bien, se alzaba frente a los pies del joven Zoilo amortajado. Mas nosotros, los siete allí congregados, al ver cómo la sombra avanzaba desde las colgaduras, no nos atrevimos a contemplarla de lleno, sino que bajamos los ojos y miramos fijamente las profundidades del espejo de ébano. Y al final yo, Oinos, hablando en voz muy baja, pregunté a la sombra cuál era su morada y su nombre. Y la sombra contestó: «Yo soy SOMBRA, y mi morada está al lado de las catacumbas de Ptolemáis, y cerca de las oscuras planicies de Clíseo, que bordean el impuro canal de Caronte.»

Y entonces los siete nos levantamos llenos de horror y permanecimos de pie temblando, estremecidos, pálidos; porque el tono de la voz de la sombra no era el tono de un solo ser, sino el de una multitud de seres, y, variando en sus cadencias de una sílaba a otra, penetraba oscuramente en nuestros oídos con los acentos familiares y harto recordados de mil y mil amigos muertos.

FIN

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